lunes, 12 de noviembre de 2012

Boxear es exctamente eso, boxear

He dicidido retomar mi actividad porque tengo algunas cosas que NECESITO compartir. En este tiempo de ausencia han ocurrido cosas, pero la más importante es que ahora boxeo. Sí, como lo leeis. Y esta vez he ido a practicar boxeo sabiendo exactamente lo que era. ¿Creéis que es una obviedad lo que acabo de escribir? Pues no lo es. Yo he ido a entrenar a rugby creyendo que iba a ser animadora de futbol americano, cuando descubrí mi error tenía una rodilla rota y la cara morada. He ido a comer ternasco creyendo que era ternera (odio el cordero). He ido a ver Bailando con lobos al cine pensando que era un musical. Fui a un quiosco a comprar el periódico el Sol, años después de que lo cerraran... y así puedo seguir hasta mañana. Pero a clase de boxeo fui sabiendo que se usaban guantes para practicarlo y que la base de este deporte era dar golpes a tu rival. Mi objetivo no era ese claro (dar golpes a nadie), sino ponerme en forma y me habían dicho que ese era el camino. Y doy fe de que lo es. El entrenamiento que se requiere para boxear es tan completo que no hay un solo músculo de tu cuerpo sin activar. Por no hablar de la adrenalina que se descarga dando directos, ganchos y crochés (como controlo eh??) a un saco... todo el mundo debería hacerlo al menos una vez en la vida.
No tiene precio ver a la rubia boxeando, no me reconozco. Ésto también habría que hacerlo al menos una vez en la vida: ver a una rubia boxeando.
 

miércoles, 8 de junio de 2011

Mi nuevo número favorito

Me encantan los restaurantes de barrio. Me encantan los restaurantes japoneses de barrio. Para ser rubia (natural) soy muy poco snob la verdad. Me vuelvo loca con los manteles de usar y tirar, los tubos fluorescentes y los menús que valen 9.50 de lunes a viernes y 15 el fin de semana.
El otro día fui al japo de mi barrio: espectacular. Desde la decoración, adquirida en el chino ( no en el restaurante sino en la tienda multiproductos) de enfrente, hasta ellos mismos, con su media lengua y su sonrisa perenne. Voy mucho, pero mucho, y llamo por teléfono a menudo para que me traigan a casa el pescadito y el tofu. La conversación siempre es la misma, pido un mix de atún y salmón y mi interlocutor me advierte que vale, que no es lo habitual (para eso son muy alemanes, o atún o salmón) pero que hacen una excepción. También me dice que me lo cobran a precio de atún  (bastante más caro), por si me rajo. Yo acepto y fin de la charla. Cuando voy allí a comer siempre me ofrecen sake o algún digestivo al pedir la cuenta, es algo que hacen con todo el mundo, no sólo con las rubias, no sólo conmigo. Pero el otro día me sentí un poco especial. Después de comerme todo un barco de sashimi, de babor a estribor, así, yo sola, sin solución de continuidad y sin dejar que mi acompañante metiera palillo. Pido la cuenta y el camarero hace la previsible invitación a Sake, la rechazo y, de repente, me entrega una tarjeta... ¡a mí! Era una deferencia, un reconocimiento, una especie de trato preferente. ¡Me dió una tarjeta de descuento! Sí, como los cheques del Vip's, como las tarjetas del súper. Me puse muy contenta, me sentí distinta. Era un descuento sublime, asombroso, único, irrepetible... ¿De cuánto? querréis saber, del 8%: colosal.

lunes, 24 de enero de 2011

También hay que saber ganar

Hacía más de un mes que no escribía nada, pero es que he estado muy ocupada recuperando mi vida deportiva y decidiendo con qué dieta me quito los dos kilos (ya serán 4) que he cogido esta Navidad. Como comprenderéis con todo esto encima cómo iba, además, a pararme a pensar y escribir, me hubiese explotado literalmente la cabeza.
Como soy muy aventurera y arriesgada mi deporte de cabecera es el padel, voy a clase una vez por semana, bueno sería más correcto decir que pago por ir y que a veces voy. Cuando lo hago me siento realmente bien porque resulta que los miércoles siempre pido postre en el almuerzo pensando que esas calorías me las ventilaré horas después en mi clase de padel, así que cuando no voy la mala conciencia me corroe. Para estar mas a gusto conmigo misma me he apuntado a un ranking, pero siempre pierdo. Llevo jugados tres partidos, dos de los cuales los tuve ahí a puntito, os lo juro, pero a mí la presión me puede y cuando veo que puedo ganar... me pongo nerviosa y lo hago todo mal... no nací para ganar, qué le vamos a hacer. Lo siento por mi compañera, de verdad Elena, sé que además de verme impecable en la pista te encantaría que ganáramos ¿verdad?
En cuanto a los kilos que año tras año gano en Navidad la pauta es la suguiente: los gano en diciembre, los retengo en enero, los incremento en febrero, me pongo de mala leche con ellos en marzo y los pierdo en abril. ¿Lo veis? Perder sí que sé. 

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Todos los controladores van al cielo?

Una vez, hace mucho tiempo, ví un anuncio en el cine que me dio una pena tremenda, era de la cadena de restaurantes La vaca argentina. Una voz en off decía "¿donde van las vacas buenas?", mientras en la imagen se veía a diez o doce vaquitas con coronas de santo y alitas, la voz en off seguía diciendo: "al cielo". Después la misma voz preguntaba ¿y las vaquitas muy buenas donde van? y en la gran pantalla se veían unas vacas supermonas pastando en el prado, jugando y con dos coronas de santo cada una. Finalmente la voz sentenciaba muy ufana "¡a la parrilla!". ¡Ay! Casi se me saltan las lágrimas, me pareció de una crueldad sin límites. Reconozco que he seguido comiendo carne de vaca, pero nunca ha sido igual. Bueno dicho esto concluyo que aunque me encantaría que los controladores aéreos fuesen a la parrilla, no será posible porque la bondad no es una se sus características principales... ni secundarias. Tampoco van al cielo, ni siquiera hacen que otros vayan, no ya no... y espero que de aquí en adelante no lo hagan nunca más, al menos no los que lo hacían hasta ahora, sino gente nueva, normal. Sin más pretensiones que las de trabajar para vivir, bien por supuesto, y que el resto podamos hacerlo, cada uno de acuerdo con sus posibilidades pero sin fastidiarle la vida a nadie y sin contribuir a que mi raíz crezca y crezca. Ya me tocaba darme las mechas en Almería... pero mi vuelo no salió. (Esto no es cierto pero de haberlo sido no quedaría viva ni una sola torre de control aeroportuaria... habrían ardido todas).

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cráneos Privilegiados

He tenido unos días libres y... he estado pensando... sí. Al cabo de un rato, estaba agotada y he dejado de hacerlo. Las conclusiones que he obtenido después de mis tribulaciones me han dejado mucho desconfort. Y es que no es para menos... veréis. Pensad un momento en mujeres famosas que conozcáis, pero no personalmente sino de verlas en la tele, en películas, revistas...que sean rubias: Belén Esteban, Paris Hilton, Britney Spears, Sofía Mazagatos, Marta Sánchez, Melannie Griffith... Hay muchas más claro pero prefiero descansar aquí. Ahora piensa en otras que no tengan el pelo como los chorros del oro: Penélope Cruz, Julia Roberts, Amaral, Isabel Preysler... A ver, teniendo en cuenta que ninguna de ellas ha ganado el Nobel de ciencia sí podemos observar una gran diferencia, a unas se les da bien construir frases con sujeto verbo y predicado y a otras no... que pena que sean las rubias las que tienen más dificultad para expresarse ¿por queeeeeeeee? Llegado a este punto sólo me consuela pensar en Rafaella Carrá, tan rubia y con tan buena oratoria... y en Amy Whitehouse, tan morena y tan, tan, tan... ay no me sale nada.

domingo, 24 de octubre de 2010

Yo tuve un Chanel

Durante estos días en los que no me he manifestado me ha pasado de todo, ha habido desconfort, trabajo y muchas muchas cosas de rubias.

Me fui con mi amigo Álvaro de 'compras' (lo entrecomillo porque mi cuenta corriente no soportaría ver ese verbo al desnudo), era una mañana laboral pero nosotros teníamos el día libre. Durante nuestro paseo por Madrid adquirimos exactamente un pijama infantil que simulaba ser un tigre, con rabito y todo, y unos cuantas cápsulas de Nespresso. Así que íbamos con nuestras dos bolsas tan contentos.
De repente le conté a Alvaro que yo una vez tuve un Chanel (un bolso), verdadero, aunque siempre que me lo puse (tres veces) tuve la sensación de que todo el mundo pensaba que era una imitación... El caso es que me lo regalaron y con las mismas me lo robaron y me quedé fatal, como ida. Así que le propuse a mi acompañante ir a Chanel para enseñarle el bolso que un día tuve, le encantó la idea. También quería enseñarle un modelo que había visto hace años en nosequé revista... en fin queríamos entretenernos.
Llegamos a la boutique, localizo el bolso robado y se lo enseño "Mira era parecido a este (2.160 euros)". De repente se acerca una dependienta y nos pregunta muy amable"¿Os puedo ayudar?". "Quería enseñarle un bolso marrón, como de piel envejecida y cadena dorada... pero no lo veo" "A ver -me dice ella- era como piel punteada" "No, envejecida", le digo yo (que ya me quería ir). "No me suena que esta temporada haya alguno así pero echad un vistazo por si véis otro que os guste". Yo me hubiese marchado encantada pero Álvaro me llevó a la otra punta de tienda para ver un traje. Y cuando más relajados estábamos curioseando entre tweed y tweed, vuelve la amable dependienta. "El caso es que voy a mirar en el almacen porque a veces quedan stocks y puede que haya alguno como el que me has descrito" Y se marcha toda contenta mientras nos quedamos pasmados ante tal despliegue´. Vamos que Álvaro ya se veía comprándome el maldito bolso y dispuesto a pasar los dos próximos años tomando sopas de sobre y biebiendo agua del grifo. Pasaron unos minutos que nos parecieron eternos y ella regresó sonriendo...con un bolso dentro de una funda de tela en la mano. Comienza a desenfundar el bolso, poco a poco, poco a poco... yo ya estaba hiperventilando... y saca un bolso... azul marino... "que pena!!! era marrón el que me gustaba, ¿recuerda?" "Ya pero por si acaso" Nos dijo, además, que cuando fuésemos a otros países preguntásemos que a lo mejor teníamos suerte. Lo haremos, dije yo, y sali de la boutique lo más aprisa que mis desgastadas All star me permitieron. La próxima vez que una dependienta me pregunte dejaré a un lado mis rubias ideas y diré lo que dice todo el mundo "gracias, sólo estoy mirando".

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mi huelga

Ay que ilusión, huelga general, a ver si es verdad que la vida sigue cuando todo el mundo deja de trabajar, pensaba yo mientras abría con pánico la factura del móvil. Cuando encontré la cantidad total a pagar (algo nada fácil porque hay como 20 cantidades y cuando por fin crees que este mes te ha ido muy bien porque has bajado diez euros, ¡toma! le falta el iva... ay maldito iva) me quedé loca... otro mes. Bueno... la huelga. Voy o no voy a trabajar, ay que lío. Os voy a contar lo que haría una rubia auténtica y luego os confesaré lo que hice yo que cada vez soy más de pacotilla.
Una rubia de pies a cabeza hubiera planeado un día de la leche, así divagaría: "¡que bien un miércoles/sábado!, que locura, una fiesta entre semana pero mejor porque no es fiesta. Voy a ir al starbucks a pagar 4 euros por un chaitilate calentito, a eso de las 11 de la mañana, para no castigarme demasiado. Luego me daré una vuelta por las tiendas, igual cojo el autobús -un segundo después concluye- ni hablar, un taxi que voy a ir en tacones, como tengo la visa hecha polvo zarearé solamente. ¿Para comer? un brunch en algún sitio incómodo y caro, nueva visita al starbucks, limpieza de cutis (nunca la necesito pero como dicen que hay que hacérsela una vez al año...), vuelvo a casa me pruebo mis cosas y decido con qué me quedo".
Yo, claramente acastañada, fui a trabajar porque 'tenía mucho que hacer', el día me cundió, no hubo casi llamadas de teléfono, ni mails y eso según ciertas personas 'me distrae mucho'.
¿Sabéis cual es la diferencia entre lo que hice yo y lo que pensaba hacer una rubia genuína? Que ella pasó un día de perros porque olvidó apagar el despertador, sonó a las 7, como cada mañana, y ya no se pudo dormir de nuevo. Bajó a la calle y como no había taxis echó a andar con sus doce centímetros bajo el talón. Llegó al Starbucks y estaba cerrado, igual que zara. Cuando decidió ir a tomar el brunch todos los restaurantes caros e incómodos estaban igualmente cerrados y sólo había abierto un bar de menú a 8 euros (con todo mi reconocimiento para esos menús) que estaba inexplicablemente lleno de piquetes almorzando ¿¿?? Regresó a casa ultrajada, sudando y con los pies ay... los pies...
Yo en cambio me sentí igual de bien que casi siempre, sólo me faltó mi chaiti, porque confieso que soy adicta a ese brebaje made in Starbucks. Me gusta mucho ir allí con mi madre porque siempre me dice "nena pídeme un cortao", y pienso "a ver cómo le explico..." Al final se toma un café aguado con leche en un vaso de papel de medio litro, pero no le importa... está conmigo.
Mi café

El de mi madre